1- Porque si eres una persona que me importa, es probable que sepas que no me gusta discutir y no intentarás discutir conmigo. Si eres una persona que intenta discutir conmigo sabiendo que no me agrada, lo más probable es que no me importes, y por tanto, me da igual lo que pienses.
2- Porque discutir es muy difícil. Es complicado encontrar a alguien capaz de manejarse en la firmeza sin caer en la agresividad, de no meter falacias y de exponer correctamente.
3- Porque mi paz interior es bastante más importante que otras cosas. Entre ellas, que tu opinión sobre la cría del percebe.
4- Porque en realidad, la mayor parte de la gente cuando discute no tiene ningún interés en comprender lo que dice el otro, sólo en imponer o expresar su opinión.
5- Porque no todo el mundo está capacitado para discutir, y no todo el mundo está capacitado para discutir con todo el mundo. Hay que tener un nivel intelectual, cultural y emocional parejo para poder discutir. Y eso es extraordinariamente complicado.
6- Porque soy una zorra cruel. Si me pillas con la regla, es probable que me tire a matar, directamente a la yugular. Y eso es una estupidez. No pienso correr el riesgo de cargarme una relación interesante sólo por una discusión.
7- Porque tienes a tu alrededor miles de personas a las que les gusta discutir. Si vienes a hacerlo conmigo a propósito, sabiendo que me disgusta, prepárate para irte a tomar por el puto culo, sin piedad y sin miramientos.
8- Hay menos de cinco personas en el mundo con las que podría aceptar discutir si es importante para ellos, y precisamente es porque sé que su discusión conmigo nacería de la necesidad de mostrarme su alma y no de la de quedar por encima, que es a lo que suele reducirse una discusión.
9- Porque no tengo paciencia. Si tengo que explicarte algo más de tres veces y no lo entiendes, mucho me tiene que importar que lo comprendas para que intente una cuarta. Y habitualmente, la única gente de la que me importaría mucho su comprensión son bastante inteligentes como para no necesitar ni siquiera la segunda explicación.
10- Porque no me da la gana. No me gusta el color amarillo, las medias ni los coches pequeños. Y tampoco me gusta discutir.
viernes 18 de noviembre de 2011
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9 individuos han dejado una marca indeleble en mí:
Pues yo creo que no me gusta discutir y sé que lo hago fatal. Pero luego discuto mucho. Será que estoy loca.
Me encanta.
Pues estoy en absoluto desacuerdo contigo, en especial sobre el color amarillo y los coches pequeños.
¡Y lo discutimos cuando quieras!
¡No tienes razón y punto!
;-)
Saludos
PD: “magustao” la entrada
Me solidarizo. Creo que la principal razón por la que evito las discusiones es (además de por pereza) porque el 99% son totalmente improductivas.
Y es que los hay que discuten por deporte, oigan!!
Sois los dos unos sosos. Discutir por el gusto de discutir mola. Y enriquece. Como el avecrem.
Bueno, enriquece si eres yo y estás dispuesto a escuchar y no sólo oir lo que el otro tiene que decir.
Yo discuto fenomenal. Pero discuto poco. Porque sois unos sosos. Y porque en general, no sabemos discutir si no es atacando. Y así no mola.
Un beso, calamar
Me quito el sombrero.
No podría sentirme TAN identificada con casi ninguna entrada de la blogosferadedios.
Y el colofón de Novio ha sido perfecto.
Es que discutir da una pereza...
Cuando hablas así bien... me das miedo. :P
Bisitos.
Y yo empiezo a hablar mal.
Quería decir "cuando hablas así DE bien...".
Yastaaaaaaaaá! :)
La mayor parte de la gente en este país, cuando están en una discusión, aprovechan mientras el otro habla no para escucharle, sino para pensar en lo siguiente que van a decir. Discutir sirve para ponerse de mala leche y punto, casi nunca va a solucionar nada.
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